viernes, 3 de junio de 2011

Meriendas a la noche

Hay un chivo que está manso en el lateral de la noche. A su lado se sirve la merienda. Hay una noche que reposa sabiendo que ya no trae recompensas. Y se burla. Hay un tren al fondo de la ventana que cuando viene recuerda la espera del día. Hay paredes que miran sabiéndose muros inabarcables. Hay oscuros que no aceptan sospechas. Hay sombras escondidas mientras hay certezas humeantes. Que queman. Hay vueltos en la crueldad del suelo tan pisado. Palomas que pasan, se asoman y siguen. Que pasan para contemplar el sueño, que siguen viniendo. Que ahora me vieron despierto y no se quedaron. Hay abrigos perdidos que se dieron cuenta  y se enterraron solos.Y hay la más inabordable de las penas. Ágil, que no se deja maniatar. Hay calor debajo del abrigo enterrado. Hay gritos que no se pueden enhebrar. Hay roedores de los que rascan los talones cuando sangran. Perros muertos que abren un ojo para mirar, te miran y lo vuelven a cerrar. Hay persianas que caen al suelo del cuarto. Hay fantasmas en la sombra de esas sombras escondidas en el té. Hay ventanas que no reflejan trenes. Hay meriendas tristes en la cosecha de amores pasajeros. Hay mañanas de otros que se fueron. Y hay tanta verdad en el silencio sensato del laurel. Hay brotando grietas rabiosas para noches inconclusas. De noches de ríos que no terminan. De caricias caras. Que deciden morir ahogadas cuando reciben el amanecer.  

viernes, 6 de mayo de 2011

Las continuidades pasadas

Las continuidades pasadas son esencialmente en silencio. Son las que cuando vienen, decididas, preanuncian la seguridad de no saber venir siempre. Saben de trampas, las más generosas. Traen promesas infinitas para tiempos de traumas finitos. Vienen navegando tormentas. Las tormentas de la finitud de los cuerpos limitados, castigados por sus deudores. Por sus deudas. De los mandatos profundos de esos roedores eternos, inconclusos, nunca aplazados. Expertas de juntar vueltos transformados en sermones. Con anzuelos redondos que remolinan deseos. Dejan marcas, de cenizas negras, del tiempo negro. Irrumpen ciegas, señalan que queman, lo hacen dos veces, e indican refugios. No eligen los consuelos. Porque no son elegibles para su orden. Caminan osadas, disecas por los guiños desesperados, por la fragilidad de tanto olvido, por las señas de caminos nunca trazados pero siempre conocidos en sus muecas. Caminos innecesarios, caminos caros. Imaginan submundos en donde no pueda haber más que imágenes del desamparo. Escenas de encuentros imposibles, de deudas siempre. Maniobran absurdas para armaduras solitarias sin siquiera ecos. Sin algún eco. Sin excusas allí cuando amanezca plagado de sombras. También son desnudos dóciles al microscopio del tiempo. Pasajes que interrumpen placeres ya sordos de andares al viento de otros vientos, de tantas heridas de tantos frenos; absortos de flores, de amantes inconclusas. De amores del tiempo. Las continuidades pasadas dicen ser talones errantes, ardientes en paisajes rojos, pero en estaciones débiles, deliberantes: son heladas y son muertes. Fueron antes calles de viejos gustos, de otros placeres. De tan inmaculados anónimos aprendices, robustos y tímidos millajes de voces fósiles de tantos fósiles, de sabanas enredadas en camas condescendientes…

miércoles, 20 de abril de 2011

Pasan cosas

Han pasado de esas cosas que cuando pasan uno desconfía. Han pasado las otras que cuando son uno retrocede. Pueden pasar tantas de las que como las otras, imprevistas, dejan a uno con el aliento perdido. Y pueden pasar otras tantas de las que uno sospecha siquiera que puedan venirse. Entre tanto, tanto viento incomoda. Mucho, porque pareciera que uno como no quiso sospechar de ellas entonces no supo como esperarlas. Porque no sabría desde que lado de la puerta abordarlas. Porque no se animaba a abrir la puerta. Porque la abrió mal. Porque permanece abierta.  

jueves, 7 de abril de 2011

¿y mientras tanto el sol se muere?

 
 
 
 
 
 
 
 
Por alguna razón de esas que en verdad no se encuentran 
en el tedioso horno de las razones, vengo, desde hace unos días, 
presintiendo esta pretenciosa declaración de tormenta...
 
 Acá uno de los link que encontré para darse el gusto de sentirla. 
 
Todavía no usé mi milagro de hoy
(que corta es la vida, mi amor!)
No voy a buscar mas consuelos tontos
si pasa algo malo esta vez.

Te voy a buscar en la oscuridad
Yo no sé si pueda volver a encontrarte, amor
si Dios no me quiere en tu eternidad
Sueño con que duermo, no lleno mi tumba aún
y un poquito tarde ésta vez se va a hacer…

Y mientras tanto el sol se muere
y no parece importarnos
Mientras te quiero el sol se apaga
y si Dios queda en nada o no existe
te amaré mucho más.

Te voy a encontrar
en la oscuridad
Algún día, pronto, una de mis vidas
va a intentar matarme y lo va a lograr
Cómo será andar solito allá en la muerte?

Ay! mi amor... ya sin vos, sin tu sueño
Yo no sabría echarte de menos
(soy un ladrón que robó dolor)
y si te pierdo camino a casa
ya te dije esto antes, linda mía
...te voy a encontrar
te voy a buscar
y te voy a encontrar... 

lunes, 14 de marzo de 2011

Preciosa discusión puede darse la Argentina



La respuesta de Horacio González a Vargas Llosa es una sutil y extraordinaria muestra de que ciertas discusiones cuando no se dan en los términos que la coyuntura las requiere -las exige imperiosamente, las demanda sinceras- necesitan de la mano, la decisión y el talento de quienes puedan encarrillarlas y forzarlas de modo tal que las mismas se desarrollen de la manera en que la realidad social, cultural y política las necesita para comprender las tensiones que ella misma cobija, y que no siempre decodifica. Esto es, traer a la discusión a quienes escondiendo las armas y ocultando los intereses prescinden de los argumentos a la vez que recrean enemigos a su molde. Oportunismo puro para injuriar sin más. Lo que hace Horacio es exigirle a Vargas Llosa que si quiere discutir lo haga sin rodeos y se vea en los suyos. O sea, abandonar su mundo globalizado de derechas mundiales que aplauden cli-shés “despojados de espesura” y ponerse a discutir en serio si es que tiene alguna intención al respecto.

Aquí dos notables fragmentos:

“Cuando usted escribió la saga de Roger Casemet, un alma conversa que pasa de su condición de agente humanitario del Imperio Británico hasta tornarse representante juramentado del Alzamiento protagonizado por la Hermandad Republicana Irlandesa, había demostrado mayor sensibilidad hacia las ideologías del siglo, los tormentos espirituales de los hombres combatientes o los rasgos mesiánicos de las raras criaturas antiliberales que pueblan el retablo revolucionario. Se dirá que el novelista promueve un interés especial por figuras que condenará en cambio el polemista de derecha, y que las dos esferas están separadas. Cierto, pero asombra la ligereza con que actúa con personas que no conoce, cuyo pensamiento no ha consultado, montándose así en previos eslabones de desprecio solventados por el grupo Prisa. En efecto, todo es muy rápido. No podemos comprender que como novelista alguien atienda bien las múltiples conciencias de sus personajes, y como polemista sea un prejuicioso señorcito, munido de sus certezas cortesanas, sin saber el significado real del episodio que lo involucra, paseándose por el mundo impartiendo condenas episcopales y dando cátedra sobre cómo fingirse víctima y actuar como un damnificado, que no lo es.
Si se le pudiera decir algo a Vargas Llosa –a su sensibilidad de novelista, no de articulista mal informado– le indicaríamos que deje de inventar hombres infames y réprobos, prefabricados en el laboratorio creado por alquimistas duchos en moldear marionetas como contrincantes, con las que les sería fácil discutir y derrotar sin la molestia del argumento. Si aun no le molesta argumentar, Sr. Vargas, ensaye hacerlo con nosotros, que no somos lo que usted caricaturiza sin resguardar estilo ni cuidado. El buen liberal, si no es excesivamente de derecha, dice que el ser es lo que es, pero que puede cambiar. Usted, como liberal, parece en cambio un arrebolado dialéctico de las catacumbas más atrevidas: el ser no es lo que es y es lo que no es. Y así, le gusta debatir contra espectros de su propia imaginación y encima se convierte en guevarista. Se lo festejamos. Cuando ofrezca sus conferencias quizás tendrá oportunidad de aclararnos tantas confusiones, y si se lo permite su papel de monarca en el Olimpo desde los que manda sus rayos de Júpiter sin averiguar de qué se trata, acaso se anime a debatir estos temas sin recurrir a injurias, que no lo favorecen, pues incluso el arte de injuriar requiere estar antes bien informado. Relea los consejos de Borges al respecto. O vea cómo debatieron, escribieron y formularon un universalismo desde su circunstancia peruana, José Carlos Mariátegui o César Vallejo. Confío, Vargas, que no los haya olvidado”.   

viernes, 18 de febrero de 2011

Las cosas como son

La biblioteca y esa particular virtud de ocultarnos frente a sus grandes generalizaciones.
Rep

martes, 15 de febrero de 2011

Mentiras

Una forma de decir. Una manera de siempre. Abrir para ver que ver: un intento por decirse que las cosas que en un lugar se ponen no eligen ser. Ponerse: el único modo de no estar. Cuando era más pibe andaba viendo cuanto había que ver. De pronto se ven menos cosas. Uno se va yendo. Uno no quiere tanto estar dispuesto.
Rodeos de los que claman otros paisajes. Que existan, que sean. Rodeos que esconden preguntas: cómo llegar allí si desconozco donde (si solo me conozco yendo). Cómo si no puedo estarme acá. Cuando era más pibe me habitaba menos. Me visitaba poco. Y un día me visite todos los días porque andaba cansado de esas visitas. Ahora me pregunto: ¿puede uno erradicarse de algunos mapas? No importan los mapas, sino que si uno se dibuja en ellos se obliga a buscarse. En ellos. Una celebración dolorosa porque siempre se encuentra, y siempre se encuentra volviendo. Siempre se sale entrando y se entra, saliéndose. Un paseo de otros paseos que nos tienen mientras tanto. La espalda ríe porque se sabe sola. Inaccesiblemente humana. Y entre tanto se celebran ocasiones de reposos incómodos, de los que tienen credenciales. Porque siempre se buscan, sus caras, tan lejos, en el por venir.
A veces uno mira el álbum y sospecha dolor. Otras, mentiras. A veces no puedo mentirte porque no tengo rostro. Otras tantas habito salidas y lo sigo haciendo.