lunes, 13 de diciembre de 2010

Villa Soldati: nuestros poderes más oscuros


Una vez más obligados a pensar en una realidad que produce tan terribles irrupciones como las de Villa Soldati. Que pena tan grande que de nuevo la furia de los hechos nos recague a patadas en el culo y nos siente a pensar. O nos recague a patadas en el culo para que nos dejemos de tanto soltar interpretaciones “políticas” a problemáticas complejas y graves. ¿Qué hacemos con situaciones como la de estos días? ¿seguimos sumando porotos en torno a las interminables pulseadas políticas de la Argentina actual o entendemos que muchos de los límites de las acciones políticas están caducos, prontos a ser superados? Si la Argentina, si su gobierno nacional puede golpearse el pecho y soltar una lista interminable de logros, el Estado Nacional en el cual se resuelve tal gobierno, sigue estando flaco, flaquísimo (también es un fenómeno que excede a la Argentina). Un estado insuficiente para tales discusiones. No me quiero detener en el Gobierno de la Ciudad, la cara más estrepitosa de los resabios de la dolorosa Argentina que no se quiere morir, justamente en un año de interminables luchas en busca de rematarla. Es la resistencia operativa del neoliberalismo, su brazo visible. Me pregunto, a los que nos decimos kirchneristas: ¿estamos en condiciones de dejarnos de joder con los peros y comprender que la lucha por enterrar al neoliberalismo nos permite, en estos momentos, revalidar las apuestas? Que con la argumentación de Aníbal Fernández en torno a los  “convidados de piedra” ahora no alcanza. Ya habrá momento para esa explicación que por cierto es necesaria. Pero en nombre de la recomposición del Estado, de su presencia activa y su necesaria dotación de recursos (técnicos, económicos, políticos, ideológicos y simbólicos): o nos hacemos cargo de las batallas por dar, las que definitivamente nos conduzcan a los más profundos resabios del desamparo de los últimos cuarenta años, o jugamos juegos ajenos frente a “oportunidades” tan dolorosas como la de Villa Soldati. Que se entienda: comparto los argumentos del gobierno nacional, no comparto la necesidad de tanto argumento cuando las papas que queman enseñan algo más que las formas en que se nos convoca a pensar los problemas, sobre todo desde la corporación mediática. Y de la política surfeando con sus reglas. Corporación tan responsable por lo sucedido –por los modos abastecer con su relato la miserable precipitación de las urgencias- como lo son sus provocadores más inmediatos (los cuales venimos viendo en los últimos tres meses como nos muestran esos resquicios por donde el Estado aún flaquea). Si el gobierno entendió la gravedad del asunto mediante la creación de un nuevo Ministerio, ¿podemos empezar a decir que esos provocadores tienen plena potestad para montarse sobre estructuras caducas? Porque de lo contrario esas estructuras seguirán dando silenciosa batalla frente a un Estado que irremediablente va a tender a buscarles su delicado lugar. Hay momentos que la crudeza de las imágenes hacen trizas cualquier esbozo especular. Y entiendo las razones, los tiempos, el imaginario y el motor de la política. Pero no es posible abonarlo siempre. Sabemos de la lógica punteril, de la historia de esas lógicas; sabemos de los intereses y los repudiamos hasta el cansancio. Lo que también sabemos es que contamos con algo de margen para subir la apuesta ante tanta consecuencia trágica. Porque además tenemos la exigencia moral e intelectual de hacerlo, aun si no contásemos con ese margen. Argentina tiene una saliente oportunidad para seguir repensándose, para dejarse de joder cada tanto con tanto artilugio politiquero. Sé que estos planteos no se llevan del todo bien con el campo político. Por eso siempre me enojaron. Pero también  que ese campo es una maquina interminable de cerrar sentidos y reconstruirse, redefinirse permanentemente bajo sus propios axiomas. Necesitamos darle cuerpo a un Estado que otorgue silenciosa contención y protección a los más desprotegidos. Una sociedad que también integre a las “minorías” populares más allá de los derechos formales. Una crítica que me cabe, cuando con el amparo de los resortes más tenebrosamente represivos de nuestra sociedad, fueron asesinadas cuatro personas.

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